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Indiana, mucho por su comunidad.
Por: Miriam Díaz
Al llegar a las Pilas Orientales, una comunidad rural del departamento de Masaya, encontramos a Indiana Ruiz, una joven señora de tez morena y cuyo rostro no esconde el trabajo. Con cincuenta años de vida, casada y madre de cinco hijos, entrega su energía por el bienestar de su comunidad.
Originaria de Managua, Indiana llega a las comunidades de Masaya con sus padres buscando como iniciar una nueva vida tras el devastador terremoto que sacudió a la capital en 1972. “A mi mamá le gustó Masaya por su tranquilidad, la gente es muy atenta y desde entonces nos quedamos aquí”, cuenta Indiana.
Se casó muy joven, con tan sólo dieciséis años y siempre luchó por apoyar su hogar y crecer en el plano personal y profesional.
Como todo inicio fue difícil para Indiana hacerse a la vida de campo pues las cosas son diferentes “En la ciudad uno encuentra todo en las ventas (pequeñas tiendas), pero aquí en el campo se debe de fabricar” recuerda Indiana. Su familia se había regresado y ella no contaba con nadie más que con su esposo.
Hoy orgullosa dice sentirse “miembro de la comunidad”. Indiana, además de ser miembro de las Pilas, es una líder enérgica que trabaja el tema de la salud. Terminó un técnico de auxiliar de enfermería, apoyada por amistades. Aún recuerda que sus hijos quedaban en la casa siendo ellos pequeños, y se iba a estudiar diario a Managua. Hoy puede disfrutar de la recompensa a su esfuerzo.
Indiana se entregó a laborar por diecisiete años en el Centro de Salud Dávila Bolaños de Masaya, trabajo que combinaba con la venta de frutas y verduras que producía su esposo para ayudar en la casa y que entregaba en el mercado. “Todos los días me levantaba a la una de la madrugada para aprovechar el tiempo y dejar hechas las cosas de la casa, alistarme para ir a entregar la venta, y una vez que entregaba me cambiaba el delantal por mi uniforme blanco, y así me conocieron muchos” menciona Indiana.
Y es que la labor del comercio la hacía paralelamente. Según cuenta ella no sabía vender y ni se le había ocurrido, sin embargo miraba que todas las mujeres de la comunidad salían a vender lo que sus maridos cosechaban. Aún recuerda que ella le pidió a una cuñada que le enseñara, pues quería apoyar a su esposo, eso hace unos veinticinco años atrás, y hoy parece tener éxito en la comercialización.
Tras el paso del tiempo y por problemas personales Indiana deja su trabajo para el hospital de Masaya, pero no abandona el tema de salud, que según ella le apasiona, le encanta. Al retirarse de su trabajo formal ella piensa que una de las formas de proyectar sus conocimientos es organizar un grupo de mujeres para hacer labor de sensibilización en temas de salud preventiva. Inicia así un grupo con seis jóvenes y diez mujeres adultas.
“Cuando iniciamos con el grupo tenía jóvenes y adultas, yo les insistía a las que ya eran mamás que cuidaran a sus niños, que se preocuparan por la higiene en el hogar, y, para prevenir enfermedades, a las jóvenes les mencionaba de enfermedades de la comunidad y cómo cuidarse ellas mismas” expresa Indiana.
Hace unos tres años, Visión Mundial inicia apoyando la comunidad, y ella gestiona para que incluyan en las capacitaciones a este grupo ya organizado. Hoy este grupo que inició con la motivación de Indiana cuenta con veinte mujeres brigadistas de salud y cuarenta que son activas en el tema de la lactancia materna.
“Yo les digo que somos millonarias en conocimiento, porque en la medida en que sepamos más, más damos a la comunidad. Me siento contenta porque ahora ya las muchachas andan enseñando temas del VIH, las adultas han visto que el tema de la higiene y la nutrición para los niños es importante” dice con orgullo Indiana.
Además de enseñar, Indianita, como la llaman por cariño en su comunidad, se preocupa por darles “algo más” a las mujeres. Han pensado en un pequeño proyecto productivo que pueda contribuir a la nutrición, pero además generar ingresos: el cultivo de la soya. Con entusiasmo cuenta “Mi marido me cedió un pedazo de tierra para que trabaje ese proyectito con ellas, y enseñarles a cocinarla para que vean que es buen alimento, y ojalá que quede excedente y podamos tener algún dinero”.
En el tema de salud, Indiana, es la líder de su comunidad. Comenta que aunque existen a nivel organizativo y de estructuras otros líderes “se respetan el trabajo”.
Las casas de la comunidad quedan retiradas unas de otras. A pesar de que en la comunidad existe un puesto de salud la gente llega donde Indiana para sus “valoraciones”. El puesto de la comunidad atiende lunes, miércoles y viernes “usted sabe que las emergencias no esperan día, esta es casa base de salud, y si la gente viene en busca de ayuda yo no me puedo negar” enfatiza.
Su entrega incondicional a la gente y su comunidad le han ganado un lugar especial. Indiana continua levantándose de mañana para ir al mercado a vender, a su regreso, a pesar del sol, polvo y cansancio ella no se queda tranquila cuando sabe que más de alguien está esperando una visita. Indiana asegura que es el Padre Celestial (Dios) quien le ayuda a organizar el tiempo.
“Si la gente me busca o me cuenta que alguien está enfermo(a), yo creo que es porque quieren que uno sepa de ellos, así que voy a verles una, dos y tres veces si es necesario. Les insisto en ir al hospital, si el mal les dio de tarde yo les doy sus primeros auxilios para que lleguen con bien al hospital en cuanto amanece” asegura.
Siente satisfacción al saber que donde toca la puerta en busca de ayuda, alguna respuesta le llega, asegura saber que es Dios el que toca los corazones. Indiana organiza charlas educativas para el grupo, explica que con las capacitaciones que Visión Mundial y otras organizaciones le han dado le han ayudado a mejorar y ha dar más.
Además de las charlas de salud, al grupo asistían cinco mujeres que no saben leer, e Indiana de manera muy proactiva les ayuda a que sepan lo básico “Yo no les voy a dar diploma o algún grado, pero ya no las engañan, pueden poner su nombre y ellas están contentas. Presté dos sillas en la escuela y organizamos el tiempo pues sé que trabajan en sus casas” explica Indiana.
Al preguntarle si tiene alguna visita pendiente para el día, asegura que sí. Se dispone a hacer una caminata de más de un kilómetro para saber cómo sigue un niño que estaba con diarrea y que su mamá le ha consultado. Es medio día el sol está intenso, pero Indiana no lo piensa más y va a visitar a doña Alejandra.
“Siempre que algo pasa si no puedo ir yo, mando a uno de mis hijos que vaya donde Indianita y le pregunte qué hacer para atender a los niños, porque a veces no vienen los del centro de salud. Ella siempre está al pendiente de uno, me da consejos, le agradecemos mucho” menciona doña Alejandra Díaz, 37 años y con cinco hijos.
No hay duda que en Las Pilas, doña Indiana no pasa desapercibida, su comunidad cuenta con una mujer enamorada de la salud, y más aun siente que ella está proyectada, tiene satisfacción por el grupo, por los logros que han conseguido para que las condiciones mejoren.

Un grupo de emprendedores de Playa Grande: Ejemplo de tesón y entrega
Por: Miriam Díaz
Es jueves, son las 9 de la mañana en Playa Grande, donde encontramos a cinco entusiastas jóvenes. Harina, sartenes, risas y agradables conversaciones son parte del ambiente que se disfruta en la casa en la que funciona la panadería San Antonio.
La casa donde está la panadería, es de la líder de la comunidad, doña Maribel Barrios, la que ha facilitado para apoyar a los jóvenes ya que goza de una ubicación ideal para la venta del pan recién horneado y tibio que se produce todos los días.
Hace unos cinco meses atrás, un grupo de adolescentes y jóvenes entre los 14 y 22 años de edad, se organizaron y solicitaron a Visión Mundial capacitaciones para echar a andar un proyecto de panadería en la comunidad Playa Grande, ubicada en Granada. En esta comunidad no existe un negocio de esta naturaleza por lo que los jóvenes pensaron que eso sería un punto a su favor y ayudaría a ser autosostenibles.
“Iniciamos diez, pero ahora sólo estamos ocho” comenta Betty. Se reúnen de dos a tres veces por semana, dependiendo de la demanda de producto y el comportamiento de las ventas.
Betty, una joven de 18 años, delgada, morena, entusiasta y con ganas de salir adelante es integrante de este grupo de emprendedores. “Quiero superarme y no quedar aquí no más, estoy segura de que este aprendizaje me ayudará a alcanzar mis metas” enfatiza.
Además de trabajar durante la semana con el grupo, ella estudia por las tardes su cuarto año de secundaria en la escuela de la comunidad. Proviene de una familia de ocho hijos, “Yo soy de las mayores, mis hermanas tienen 14, 15 y yo de 18” explica Betty.
“Al inicio se me hacía difícil estudiar y participar en el grupo, pero cuento con el apoyo de mis padres, y lo más importante es que puedo aportar algo en la casa” explica con una sonrisa. Su padre don Wilfredo Álvarez, ha sido el sostén de la familia, quien trabaja como soldador y haciendo barcos artesanos.
Al igual que Betty, los otros jóvenes sienten que la comunidad apoya esta iniciativa. Cerca de la una de la tarde el pan está listo y la gente va llegando poco a poco a comprar, sino los mismos jóvenes van a las pulperías de la comunidad a ofrecer el pan.
Visión Mundial está apoyando iniciativas como éstas, sobre todo cuando los involucrados son jóvenes emprendedores y con ganas de salir adelante. Algunos de los integrantes del grupo de panadería, ya han finalizado su educación secundaria, pero no han podido seguir estudiando por la falta de recursos. Hoy, al estar en una actividad nueva y que además genera algunos recursos se sienten motivados.
Durante este tiempo Visión Mundial ha apoyado al grupo con la materia prima y los utensilios propios de la panadería. Al preguntar a los jóvenes sobre la sostenibilidad del grupo, rápido sonríen y dicen “estamos vendiendo”. Es un sueño de todos que con las ganancias puedan ayudarse a sostener y comprar todo lo que vayan necesitando.
Rubén, de 18 años, otro de los jóvenes miembros del grupo de panadería, comenta que quieren variar los productos: “Hemos solicitado que nos capaciten en repostería, para mejorar el producto y tener algo más novedoso” destaca.
En la comunidad de Playa Grande, Visión Mundial apoya iniciativas con jóvenes emprendedores, además del grupo de panadería, hay uno de hamacas y otro de manualidades.

Adolescentes incursionan en el mundo de la radio
Por: Miriam Díaz
Un grupo de diez adolescentes son los protagonistas de “La Conchita”, un programa de radio que aborda temas sobre de derechos y deberes de niñas, niños y adolescentes. Su nombre es para destacar la identidad comunitaria del origen de sus locutores, quienes son de las comunidades Rodeo, Panamá, San Juan, 19 de julio, Las gradas, todas del municipio de La Concepción, del departamento de Masaya.

A esta red de comunicadores pertenece Ana Karina, una simpática adolescente de trece años, quién vive en la comunidad San Juan, a unos 35 Km de la capital. Ella es la hija más pequeña en su familia. “Mi mamá se siente alegre, me apoya en lo que ando haciendo; y mis hermanas también” afirma.
Las capacitaciones a este grupo de comunicadores iniciaron hace un año, el programa tiene un mes de haber salido al aire y se transmitirá por un período de dos meses, tiempo en el que los adolescentes podrán practicar y desarrollar sus destrezas radiofónicas.
Después de los dos meses en radio, se pretende medir el impacto y aceptación de los programas, y sus contenidos. “Queremos que estos programas sensibilicen a los adultos sobre el tema de derechos de la niñez, y eduque a los niños y niñas en estos mismo temas” sostiene Luis Castellón, técnico de Protagonismo Infantil del Visión Mundial.
Ana Karina es toda una locutora los días jueves. Por la mañana asiste a sus clases, cursa el segundo año, y en la tarde se prepara junto al grupo para hacer las grabaciones de “La Conchita”. Las transmisiones son los días sábados de 8 a 8.30 am. Ana y sus compañeros deben viajar hasta una radio local situada a unos trece kilómetros del municipio.
Al preguntarle a Ana Karina cuál es su mensaje para el resto de niños y niñas, con ojos brillantes y llenos de sueños afirma que “No se desanimen, porque la esperanza de un niño puede hacerse realidad, nada es imposible para nosotros.” Nunca pensó estar en la radio, y menos ser una de las protagonistas, pero hoy habla con entusiasmo y seguridad de su experiencia como comunicadora comunitaria.
Estas iniciativas son impulsadas por Visión Mundial, la cual apoya a trece comunidades del municipio de La Concepción, acompaña a 2,346 niños y niñas patrocinados y es financiado por la oficina Visión Mundial Suiza.

Una mujer entregada al desarrollo de su comunidad
Engracia Brenes, 28 años, es una mujer de contextura robusta, poseedora de una chispa particular y de una personalidad cálida y desinhibida. Ella es originaria de la comunidad San Pio Pietralcine que recibe acompañamiento del Programa de Desarrollo de Área Tlilican. La comarca se encuentra a 115 kilómetros de Managua, en el Departamento de León.
Cualquiera que la escuche hablar se da cuenta de su don innato para crear empatía con las personas. Sin embargo, ella aclara que mucho de lo que es ahora se lo debe al trabajo que ha venido realizando desde el 2003 con Visión Mundial Nicaragua: “Desde que empecé a trabajar de la mano de Visión Mundial siento que mi autoestima ha mejorado mucho, me siento una mujer más útil para mi comunidad y para mi todas las capacitaciones que he recibido son como la carrera que nunca pude estudiar porque a penas llegué al tercer año de la secundaria”, nos dice con rostro lleno de orgullo.
Ella es madre de dos niños patrocinados: Ana de 7 años y José Alcides de 4. Ambos asisten a una escuela que hace dos años se logró construir en su comunidad gracias al apoyo de Visión Mundial Nicaragua. “ Desde que se construyó la escuela es más sencillo para nuestros hijos estudiar porque antes la única que había quedaba a dos kilómetros de aquí y los niños tenían que caminar y arriesgarse cada día”, cuenta.
Para ella la vida ha sido muy dura pues su marido tiene 4 años de haber emigrado a Costa Rica donde trabaja en una empresa de perforación, lo cual le permite mandarle 150 dólares al mes. “A veces el dinero no me ajusta porque a parte de lo que él me manda yo me defiendo con una pequeña pulpería que me deja muy poco dinero y yo tengo que pagar agua, luz y la ropa y comida de los niños. Yo me siento muy sola porque a mi marido lo veo cada 4 meses, es un gran sacrificio no tenerlo cerca”, cuenta.
A pesar de la ausencia de su marido y las dificultades económicas gracias a su involucramiento en las actividades de Visión Mundial Nicaragua, dice sentirse fortalecida pues tiene la oportunidad de ayudar a otras mujeres a través de charlas que imparte sobre salud, nutrición y relaciones interpersonales. De igual forma, trabaja en jornadas de limpieza y dedica tiempo a su comunidad lo que le da muchos motivos de orgullo.
“Yo recibí un curso llamado Escuela de Familia, el que me dio muchos conocimientos sobre cómo mejorar mis relaciones familiares, fortalecer mi autoestima, desarrollar una mejor comunicación con mis hijos. Ahora yo imparto estas mismas charlas a otras mujeres de mi comunidad y otras comunidades y siento que eso me fortalece y me hace crecer como mujer”, relata esta madre de familia que ahora se ha convertido en una verdadera activista a favor del desarrollo de su pequeña comunidad.
“Reconozco que he hecho varios sacrificios para prepararme cada día mejor y así poder ayudar a mi comunidad. Ahorita estoy recibiendo un curso sobre lactancia materna, estimulación temprana, VIH y SIDA para que yo reproduzca los conocimientos en mi comunidad. Me llena muchísimo poder ayudar a que mi comunidad se desarrolle”, señala muy complacida.
La comunidad de San Pio, es una de las 40 comunidades donde el PDA Tlilican apoyo y trabaja con líderes comunitarios. Este PDA es apoyado por VM Nueva Zelanda y tienen 3060 niños en registro.

Nuevo proyecto para mejorar condiciones de vida
A unos 32 kms de Managua, encontramos la comunidad de Chilamatillo; allí vive don Francisco Sánchez, un pequeño horticultor de 42 años de edad, junto con su esposa y sus tres niños de 4, 9 y 10 años.

Hasta hace algunos meses, don Francisco únicamente cultivaba sandías, melones y pipianes, su cosecha era vendida en el mercado local. Hoy, sus tareas de trabajo incluyen algo más, un nuevo y prometedor rubro para él y su familia: la apicultura.
Don francisco es uno de los nueve miembros del grupo de apicultores organizados en su comunidad, “nosotros no pensábamos en la apicultura, pero nos invitaron para iniciar este proyecto y con deseos de tener un poco más de ingresos para la familia, nos organizamos y aquí estamos” dice.
Previo a iniciar el manejo de este nuevo proyecto: abejas y colmenas, los agricultores organizados en este rubro se capacitaron por tres meses para tener los conceptos básicos de cómo manejar este negocio. “Al comienzo éramos varios, pero cuando vieron que necesitábamos capacitarnos e invertir tiempo, no les gustó y se retiraron, pero ahora quieren entrar” explica don Francisco.
A pesar de que es algo nuevo para estos productores, ellos ven que no requiere de tanta inversión de tiempo en el trabajo. Cada ocho días visitan las colmenas para limpiar, alimentar a las abejas, y ver que todo esté en orden, a la vez que continúan en sus labores de horticultura.
Ya están listos para la cuarta cosecha de miel, “la primera cosecha cada quien se encargó de vender sus botellitas de miel en la comunidad o a los amigos” explica don Francisco, “ahora esta ultima ya solo la vamos a entregar a un acopio en Boaco para exportarla a Alemania e Italia, y así ahorramos en el envase” explica.
La venta de miel les ha dejado un promedio de ganancia de unos C$ 2100 córdobas (aproximadamente $ 110) a cada uno, en tan solo tres meses, este ingreso extra en las familias permite tener mayor adquisitivo y les ayuda a enfrentar y atender las necesidades del hogar.
Este no es el único grupo de pequeños agricultores que se han organizado para aprender de este nuevo negocio. En el municipio de Tipitapa hay cuatro comunidades que cuentan con su proyecto de apicultura: Colama, El Brasil, San Benito y Chilamatillo.
Como parte de la recuperación de este proyecto se espera que cada productor entregue una colmena cada año, por un período de tres años y así involucrar a nuevas personas en el negocio. A la vez, que por cada cosecha se dona un litro de miel que es utilizado en los programas de recuperación nutricional de los niños en las diferentes comunidades.
15 comunidades son acompañadas por el Programa de desarrollo de área Teltpetlapan, y 3092 niños registrados en el programa de patrocinio, del cuál son parte José (4), Francis (9) y Julisa (10), los niños de don Francisco.

Soñaba con una escuela para la comunidad
En la comunidad San Pio Pietrelcine, a unos 115 kms de la capital, en el municipio de Telica vive Teresa, de 41 años, maestra de vocación y con sueños para los niños de su comunidad.
Fue en 1999 cuando los padres de familia solicitan se construyera una aula de clase para que los niños no tengan que viajar grandes distancias. Esta solicitud es aprobada el único inconveniente que surgió es que no había un local acondicionado para que la escuela funcionara.
“Recuerdo que iniciamos en una casa de un señor que no tenia hijos de edad escolar, y allí estuvimos como tres años, en ese entonces venían noventa y tres niños a recibir clases; bajo condiciones difíciles, lluvia, mucho calor, los niños se distraían fácilmente” recuerda Teresa.
Al inicio los niños de grados de primaria tanto como de preescolar estaban juntos, por lo tanto las condiciones eran precarias. Según la profesora Teresa se sentaban en una pequeña mesa, con solo dos sillas para tres niños.
En el año 2003 la maestra Teresita, como la llaman de cariño, sufrió un accidente y se lastimó su rodilla, luego de terapias y cirugías pudo regresar a dar clases. Para este año escolar ella ya no pudo reintegrarse porque el Instituto de Seguridad Social (INSS) decretó su retiro por incapacidad luego de haber laborado como maestra durante veinticinco años.
Hoy, aunque Teresa no está en las aulas de clases, dice sentirse contenta por los niños “Ahora la escuela es un lugar especial, amplio, con letrinas, sillas para los niños, me gustaría que tuvieran acceso a agua. A pesar de que no estoy allí, pero siempre estoy pendiente de preguntar a las maestras como están los niños, como van las clases” cuenta.
Además apoya desde su hogar a los alumnos que presentan ciertos problemas con las clases, “las maestras hablan conmigo y con los padres de los niños para que yo los adelante y refuerce algún tema con el que tienen problemas” comenta. Colabora con tutorías para alumnos en las universidades y secundaria.
Teresa es madre de tres hijos, el mayor tiene 18 años, los dos menores de 12 y 14 años, Joselin y Eliezer, respectivamente. “Joselin participa en las actividades que promueve Visión Mundial con los adolescentes aquí en la comunidad, y es de la Junta infantil” dice Teresa.
Al hacer algo de memoria Teresa recuerda que cuando Visión Mundial llegó al municipio participó de las primeras actividades brindando información sobre su comunidad. “Siempre me ha gustado lo que hace Visión Mundial, porque se preocupan por los niños, y concuerdo con su enfoque de trabajo” expresa.
La comunidad de San Pio, es una de las 40 comunidades donde el PDA Tlilican apoyo y trabaja con líderes comunitarios. Este PDA es apoyado por VM Nueva Zelanda y tienen 3060 niños en registro.

Las Hamacas Tenderí
Por: Miriam Díaz
Unos siete años atrás, el Programa de desarrollo Tenderí comenzó a capacitar a un grupo de niños y niñas para hacer hamacas. En la actualidad quince de éstos niños y niñas se han convertido en jóvenes microempresarios.
“Hamacas Tenderí” así se llama el grupo, quiénes participan en ferias a nivel nacional, y hasta exportan algunos de sus productos en asocio con otros artesanos de la zona de Masaya.
Este grupo de jóvenes representan quince familias de las comunidades de las comunidades La Poma y Quebrada Honda, todos de escasos recursos; pero además los integrantes de Hamacas Tenderí estudian y sus horas de trabajo las hacen con un horario que no les interfiera en sus clases.
A este grupo de adolescentes pertenece Jaime Enrique, de dieciocho años y estudiante del primer año de Ingeniería Industrial en una universidad capitalina. Es el único de su familia que se dedica al negocio de las hamacas, aquello que una vez nació como interés de aprender algo diferente, se ha convertido hoy en un ingreso, y con esto subsidia los gastos de estudio.
Tendría unos once años cuando inició “me llamó la atención como se hacía una hamaca, yo creo que era curiosidad, pero a la vez tuve interés porque con el tiempo miré que es un negocio que puede mantenerse estable” comenta Jaime. Quién es miembro de la Junta, pero además es presidente del grupo de hamacas.
El vive en la comunidad llamada Quebrada Honda, donde habita con sus padres y tres hermanos. Aunque Jaime está estudiando y preparándose para superarse, dice que nunca dejará su comunidad “quiero estar en mi comunidad aquí he crecido, espero a través de mis conocimientos poder apoyar y que sigamos adelante desarrollando” expresa.
El taller de Hamacas Tenderí está ubicado en la comunidad La Poma, Masaya a unos 35 kms al sur de Managua, donde opera el Programa de Desarrollo de Áreas Tenderí y quien terminará de financiar proyectos en las comunidades este año, tras doce años de acompañamiento por Visión Mundial.
La producción de este taller de artesanos puede variar de acuerdo a los pedidos que tengan. “A veces la gente viene y nos encarga aquí mismo en el taller, además tenemos un puesto de venta en el mercado de artesanías y allá también vendemos” aclara Jaime.
Son enfáticos en indicar que se llevan controles y rinden cuentas en las reuniones mensuales del grupo, de cuanto se ha producido y vendido.
Para este mes de septiembre cuando Visión Mundial se retire de las comunidades, serán ellos los que deban seguir, “creo que como todo comienzo nos costará un poquito, pero Visión Mundial se ha preocupado por capacitarnos, creemos que podemos salir adelante” dice Jaime.
Como parte de los planes y proyectos a futuros, el grupo ha formulado un proyecto para comprar maquinarias y procesar ellos mismos los materiales, y así reducir sus costos de producción.
Los adolescentes que son miembros de este taller se han preocupado por invitar a nuevos alumnos a que aprendan en arte de la elaboración de Hamaca, hoy en día cuentan con 3 nuevos alumnos el menor de ellos Eduardo, un niño de doce años, quién también vive en una de las comunidades.
Durante su tiempo de acompañamiento el PDA Tenderí, ha acompañado a seis comunidades: La Poma, Los Cocos, El Eden, Quebrada Honda, Silvio Reñazco y el III Anexo de la Villa Bosco Monje. Este Programa ha sido apoyado a través de la oficina de Visión Mundial Estados Unidos.

Jóvenes utilizan ingenioso método de capacitación
Después de cinco días de capacitaciones en el pasado mes de enero, un grupo de ocho jóvenes y adolescentes han decidido aportar algo en los conocimientos de sus pares. Hoy ellos han sido los responsables de crear una red de promotores en temas de salud sexual reproductiva, con al menos ciento setenta jóvenes de seis comunidades diferentes.

Ellos han utilizando la metodología de la “mochila educativa comunitaria” la que contiene doce módulos de estudios, con ayudas visuales y que permite que compartir esta nueva información y conocimientos, sea mucho más atractiva. “La mochila” contiene temas de sexo y género, comunicación asertiva, drogas, autoestima, ley de participación de la juventud, violencia intrafamiliar, VIH y sida, entre otros.
“La mochila” es un estímulo que se gana, es un bolso con los materiales de cada uno de los módulos de clase. Ellos mismos han establecido parámetros para identificar nuevos capacitadores, con el fin de que más muchachos en las distintas comunidades manejen temas de interés. Las capacitaciones duran seis días y son impartidas en las escuelas, con el apoyo de líderes y maestros.
José de los Reyes, un joven de 27 años, pertenece al grupo de capacitadores. El habita en Palo Quemado, una pintoresca comunidad ubicada a 55 km de la capital. Este joven quien dice estar “comprometido y con dos niños” cursó hasta el sexto grado de primaria, actualmente tiene una familia por la que debe de trabajar, sin embargo el busca el tiempo para compartir sus conocimientos con otros jóvenes, lo que se ha convertido en su pasión.
“yo desconocía todos estos temas, ahora como ya los sé me gusta compartirlos con los jóvenes, para que en un futuro les sea de utilidad. Además que compartimos temas bíblicos para guiarlos por el buen camino, porque queremos evitar la violencia intrafamiliar” recalca José.
El grupo inicial estuvo conformado por doce, de ellos solo los ocho están activos. El trabajo es voluntario, demanda compromiso y es notable la motivación de cada uno de los muchachos que forman parte del grupo.
José, además de sentirse satisfecho por lo que sabe, siente una motivación personal “me ha ayudado a reestablecer mi vida porque a veces uno de joven se involucra en cosas que no están bien; la comunicación con mi propia familia ha mejorado. Puedo sentir que de manera personal he tenido un cambio” enfatiza.
Los jóvenes pretenden seguir capacitando para ser certificados como “Promotores en temas de Salud Sexual reproductiva”, por Ministerio de Salud. Visión Mundial por su parte está interesada en que manejen temas de Salud preventiva para que el mensaje pueda llegar a las escuelas y comunidades.
Donald Hernández, del Centro de salud Diriá también les apoya “No pensé ver este impacto en los jóvenes de las comunidades rurales, porque hasta ahora la experiencia que teníamos como centro de salud era en el área urbana. Son muy buenos en lo que hacen, dan charlas usando varias metodologías como grupos pequeños, charlas grupales, y ahora se quieren capacitar en teatro” comenta.
José, junto a los otros siete jóvenes, fue capacitado gracias a los esfuerzos del Centro de Salud de Diriá, el proyecto Sakura de cooperación japonesa y Visión Mundial, a través del Programa de Desarrollo de área Chorotega, el que acompaña el desarrollo de diez comunidades de la región de Diriá, Diriomo y Niquinohono y es financiado por Visión Mundial Alemania.

El niño del bote en las isletas
Aníbal José, de once años, vive junto a sus 7 hermanos en la Isla del Plátano, una de las trescientas sesenta y cinco isletas del lago de Nicaragua, ubicado en Granada a 42 km de la capital de Nicaragua.

Su papá Aníbal Novoa, 39, trabaja cortando hoja de plátano, conocida popularmente como “Neya”1 en su recolección también participan otros miembros de la familia, y de la venta de ése producto se obtiene el único ingreso económico, que oscila entre los 1500 y 1800 córdobas al mes (aprox. Entre U$ 80 y 90).
Marlene Medina, de 33 años, es la mamá de Aníbal se dedica a las labores del hogar y a la crianza de los niños, los menores de 2, 4 y 7 años.
Aníbal, junto a otros quince niños asiste a la escuela Bocana de Manares en las orillas de las isletas. El tiene una particularidad, Aníbal es el encargado de manejar la lancha “la Niña” y transportar a otros siete niños de las isletas de alrededor para que éstos asistan a sus clases.
“me gusta que en la lancha llevo y traigo a mis amigos, porque así también puedo venir a mi escuela y aprender” cuenta con cierta timidez, Aníbal.
Como parte del apoyo a la educación Visión Mundial apoyó la compra de tres botes escolares, para que los niños puedan viajar hasta su centro de estudios y lograr la permanencia de ellos en las escuelas.
No todo es responsabilidad, como todo niño a él también le encanta jugar, su juego favorito es el baseball, pero aclara con énfasis “me encanta jugar, no solo verlo, porque así puedo tener la emoción del juego” expresa.
Bocana de Manares es una de las 10 comunidades donde Visión Mundial apoya, hoy en día la escuela cuenta con una librería comunitaria, una minibiblioteca donde se documentan los niños y el maestro; letrina, además que los niños participan en cursos de desarrollo de habilidades en las disciplinas de hamaca, costura, pintura.
Las clases de tipo vocacional (hamaca, pintura y costura) la reciben los días jueves, día en que los instructores viajan hasta la comunidad para impartir las clases. Aníbal es parte del grupo de hamacas.
Aunque ahora él ayuda a su papá en la recolección de hoja, Aníbal quiere llegar a ser un Ingeniero en Construcción y trabajar.
Aníbal es patrocinado, junto a cinco de sus hermanos y dice “espero que mi patrocinador me escriba pronto” y se sonríe.
Visión Mundial a través del PDA Aguas Azules, apoya a diez comunidades y 2 sectores con diferentes programas apoyando el desarrolla de los niños y niñas. Este PDA es apoyado por la oficina de Nueva Zelanda, y cuentan con 2539 niños registrados en el programa de patrocinio.
1 Neya: hoja que se usa para servir un plato tradicional llamado vigorón: yuca cocida, chicharrón y ensalada.
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